sábado, 17 de marzo de 2012

Un mundo feliz

A veces, me da por pensar en ciertas cosas que no debería. Hace unos días estuve pensando en el futuro. Todo apunta a que será algo parecido a Un mundo feliz, de Aldous Huxley. Una sociedad deshumanizada en la que condicionan a los niños desde recién nacidos para que piensen todos igual. No conocen el amor, la familia, el matrimonio... La vida en el mundo feliz se limita a crear seres en probetas, alterados genéticamente para conseguir unos resultados que ya se conocen de antemano, lavarles el cerebro mientras duermen y prepararlos para pasar su vida trabajando. En el mundo feliz se divide a los humanos en cinco categorías, según su grado de perfección, donde los mejores son los Alfa, y los peores los Epsilon, y todos están conformes con su nivel, porque para ello han sido creados. En el mundo feliz sólo existe el sexo como una forma de pasar el rato entre dos humanos. No existen las relaciones, nadie es de nadie y todos son libres de tener sexo con cualquiera de su misma categoría. Los humanos que viven en el mundo feliz no conocen el significado de palabras tales como "amor", mamá" o "matrimonio". No existen las familias, cada persona es un ente independiente capaz de valerse por sí mismo sin necesidad de otros humanos. Los niños son criados en colegios, donde pasan el día escuchando pistas de audio en las que se repiten una y otra vez las frases con las que los condicionan. Los humanos del mundo feliz no saben pensar por sí mismos, si alguno de ellos lo hace, es eliminado inmediatamente. En el mundo feliz no existe el arte, la música, la literatura... Son herramientas que promueven los sentimientos y el pensamiento crítico. Fuera de los límites de estas ciudades "felices" están las tribus de los salvajes, donde los humanos viven tal y como se hace actualmente, quizá un poco más prehistóricamente, pero la esencia es la misma. Creo que yo viviría con los salvajes, no soy capaz de concebir un mundo sin amor, en el que todos se mueven mecánicamente porque es lo que les han enseñado. Según los avances de la ciencia, no debe de faltar mucho para llegar a conseguir este "mundo feliz", y me da algo de miedo. No quiero que mis hijos crezcan así, quiero que sepan, que conozcan, que experimenten el amor, la decepción, la euforia, el sexo con la persona a la que se ama... Es algo de lo que nadie debería ser alejado, aunque ello signifique pasar varios momentos de infelicidad. En realidad, ¿qué son esos momentos comparados con un beso bajo la lluvia, cantar tu canción favorita a pleno pulmón, tener un hijo o mirar a los ojos a la persona con la que quieres compartir el resto de tu vida? Yo aceptaría ese trato, esos pequeños instantes de derrumbamiento a cambio de otros de felicidad. De todas formas, los malos momentos también forman parte de la vida, ayudan a forjar el carácter y te fortalecen ante lo que esté por venir. Es el ying y el yang.
No creo que las personas del mundo feliz sean de verdad felices. Yo creo que la palabra es, más bien, tranquilas. Una vida predecible y sin sobresaltos a cambio de no pasar por unos cuantos baches. Si vivo para ver este futuro, quiero ir con los salvajes. Ya será demasiado tarde para condicionarnos a nosotros, pero querrán a nuestros futuros hijos, y yo no quiero esa clase de vida para los míos. Me los llevaré conmigo a vivir con los salvajes y jamás pisarán el suelo de la "sociedad feliz", porque de todas formas, tampoco serían capaces de entenderlo. Les enseñaré a pintar, a escuchar los pájaros, a cantar, a valorar lo que hay a su alrededor, y sobre todo a amar a alguien con toda su alma, igual que soy capaz de hacerlo yo. En definitiva, les enseñaré a vivir realmente felices.

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