viernes, 2 de diciembre de 2011
J
Y justo cuando pensaba que no podía hundirme más en mi propia miseria, apareció él. Como un ángel resplandeciente que me agarraba en el instante justo para evitar el choque contra el suelo. Quizá me esté precipitando, no lo sé, pero ha entrado tan de lleno en mi vida, tan súbita y gloriosamente... Le dedico todos y cada uno de los pensamientos de mi antes gris mente. Llueve en mi cabeza, como diría Malzieu. Bueno, más bien llovía. Le necesito aquí conmigo, quiero estar entre sus brazos, quiero escuchar su respiración en mi oído, quiero... Bueno, le quiero. Así, sin más. Y lo único que necesito es que él sienta lo mismo por mí. Me siento como si pudiera alimentarme sólo de su amor; un amor puro, desinteresado, que no persigue mayor fin que hacer felices a dos almas que han sufrido demasiado en sus cortas pero intensas vidas. "Como Romeo y Julieta", que diría alguien que conozco... Pero Romeo y Julieta son personajes de ficción, y esto que nosotros tenemos es real, muy real. Y quizá él nunca me haya recitado un soliloquio bajo mi ventana, pero me quiere, y con eso me basta. Querido, el cielo es nuestro límite, y la eternidad la medida del tiempo que tenemos. Y me pregunto, ¿cómo algo tan intangible puede hacerme sentir así? Él, siempre él, el que me hace sentirme liviana, fuerte y a la vez frágil, la persona más feliz del mundo cuando le tengo conmigo y la más desdichada cuando no está. Cuanto los días, las horas, los minutos y los segundos para volver a verle. A él y solo a él. Porque me quiere. Y yo a él. Y con eso me basta para poder volver a ser feliz... J.
Ubicación:
Granada, España
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Te quiero.
ResponderEliminar