domingo, 30 de octubre de 2011

Te quiero

Y pensar que por un segundo fui la persona más feliz del mundo, gracias a ti y a esas dos palabras. ¿Simple? Bueno, quizá para ti lo fuera, pero ya sabes lo que me cuesta juntar esos 8 sonidos. ¿Recuerdas que te lo dije? No, claro que no te acuerdas, porque aunque hayas dicho eso -dichosa de mí en aquel momento- no lo sientes. Para nada. Porque sólo voy a ser un nombre más en una lista infinita que jamás verá la luz del día. Porque cuando te acuerdes de mí -si es que eso ocurre- sólo seré una cara aleatoria, una chica más al azar en el caos sin sentido de tu cabeza -rubia, como la de los querubines-. Me gustaría perderme en ella, y en tus ojos azules, y besarte, y abrazarte, susurrarte el oído que estoy contigo y que nunca te voy a dejar ir... Pero ya no es posible, porque te has ido, y no entiendo por qué. Pero sé que vas a volver, porque tú eres para mí y yo soy para ti. Como dos mitades del mismo mundo que giran una al compás de la otra sin llegar a tocarse nunca. Como el día y la noche, tú, que inundas mi vida de luz con sólo mirarme, y llegas hasta lo más profundo de mi alma; y yo, siempre con mi pena a cuestas, como una carga de la que no me puedo desprender jamás. Pero cuando me hablas, como por arte de magia, siento que ese peso se desprende de mi cuerpo y se va, lejos. Por eso te quiero. Y te lo dije. Y tengo mil "te quieros" más escondidos en mi garganta. Están esperando que los dejes salir.

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