Hoy tengo el examen final de matemáticas, pero no tengo ninguna gana de ir, ni de salir de la cama (te escribo desde la cama). Anoche me tomé una pastilla para dormir, pero ni eso consiguió ayudarme, llevo desde el jueves sin pegar ojo pensando en ti, siempre pensando en ti. Ayer estuve un ratito con Jesús, consiguió que volviera a comer un poco, no demasiado, pero sí suficiente para no volver a desmayarme. No puedo entrar a mi cuarto sin llorar, todo lo que tengo es tuyo: tu poster, tu peluche, tus figuras de Pikachu, tu camiseta, tus cartas, tu libro... ni siquiera he querido terminarme tu chocolate, no quiero perder nada de lo poco que me queda de ti. No puedo decirte cómo está yendo el segundo día sin ti, acabo de despertarme, aunque puedo decirte que ya estoy llorando. Es lo más difícil que he intentado hacer en mi vida, no quiero seguir así. Anda mira, ya llevo dos cartas, ya he seguido con esto más que aquella vez que intenté comer más sano. Será porque tú me importas más que yo misma. Me niego a creer que todo haya acabado así. Claro que algún día se tenía que acabar, pero no de esta forma, teníamos que ser viejitos, pero de todas formas ya sabes que si tú mueres, yo voy detrás. Ni la muerte volverá a separarnos. Quienes estén leyendo esto pensarán que soy una acosadora loca. Diego, si lo estás leyendo tú, hago esto porque te quiero, porque sin ti no sé vivir, porque sé que podemos ser felices los dos juntos, como hasta ahora. Todas las parejas tienen malos momentos. Me dijiste que no me rindiese, que encontraría a alguien mejor, pero es que no quiero a nadie más que a ti, estoy hecha para ti, y si no estás tú... Yo no sirvo de nada. Eres mi hombre perfecto, eres la parte de mí que me faltaba, "mi comedor de aceitunas", ¿te acuerdas? En fin, el segundo día sin ti no empieza demasiado bien. Te echo muchísimo de menos, y deséame suerte con mi examen de hoy.
Te quiero siempre, mi amor.
Te quiero siempre, mi amor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario