Hoy es mi graduación. Van a venir a verme Elia, Jesús y Raúl. No vas a estar tú, y puede que tampoco mi padre. Debería ser el mejor día de mi vida, y va a ser uno de los peores, no sé si podré aguantarlo demasiado. Anoche estuve hablando con tu amiga Érika, arreglando las cosas con ella, no me gusta que estén las cosas tirantes entre nosotras. Le pregunté por ti, y me dijo que estabas bien, que ahora lo importante soy yo, pero eso no es verdad. Me da igual lo que me pase a mí, solo quiero que estés bien tú, me preocupas mucho más que yo. Creo que ya estoy en paz con ella. Por la tarde me salté las clases del conservatorio, no tenía ninguna gana de ir. Estuve en casa de Monty, con los de siempre, viendo Paprika. Es una película rarísima, pero no estuvo mal, no me disgustó. Después de eso fui al instituto a ensayar la actuación de la graduación con Borja, el pianista. Resulta que tiene un dedo inflamadísimo y no podrá tocar. Adiós a cantar delante de todos. Después estuve viendo a mi padre en el hospital. Lo han puesto en una habitación compartida con otros dos hombres más, en una planta que no es la suya, porque no hay espacio. Lloró. Delante de mí. Son horribles los hospitales. Todo el mundo allí parece desorientado, sin nada más que hacer en la vida aparte de hastiarse encerrados en ese sitio, tumbados siempre en una cama. No me gusta nada ir ahí. Te repito lo que te dije ayer, todavía conservo la esperanza de verte por sorpresa en mi graduación. Más grande será la caída al no verte. Sí, claro que estarán mis amigos, pero sin ti no será lo mismo. Me paso las horas mirando a la calle por la ventana por si en algún momento apareces. Duele mucho.
Te quiero siempre, mi amor.
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